martes, 12 de enero de 2016

Decálogo del perfecto cuentista / Y dos



En el punto sexto, dice Horacio Quiroga que si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “desde el río soplaba un viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Y ahí me duele, porque ya quisiéramos todos los que andamos en esto de la escritura dar con las palabras precisas. Esa es la lucha, esa es la batalla constante para dominar el lenguaje, para abolir el diccionario de sinónimos.
En el punto séptimo, habla de los adjetivos: No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Más de lo mismo, dominio del lenguaje para hallar la palabra adecuada, el sustantivo insustituible. Eso significa trabajo, leer y releer lo escrito y pedir ayuda a quien tengamos a mano para que podamos cotejar y no caer en errores irreparables. Leer en voz alta también da buenos resultados, ya lo creo.
En el octavo pretende Quiroga que no nos salgamos de la línea trazada cuando diseñemos el cuento. Ya comenté que no tengo de arranque más que la idea, luego va surgiendo todo lo demás, aunque si comparto con él que no conviene irse por las ramas, porque como él mismo dice “un cuento es una novela depurada de ripios”.
Punto noveno: No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
Dice Quiroga en el noveno punto de su decálogo: No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. O sea, los pies calientes y la cabeza fría. Como lo que me gusta es la constancia, las emociones son pasajeras en mi caso. Cuando el intelecto está en plena ebullición, los momentos inolvidables afloran y hacen posible una buena escritura.
Y por último —y esta vez si que es de verdad—, la maestría del uruguayo nos hace ver lo importante que es apartar los egos y nos centremos en los personajes que nos traemos entre manos. A ellos es a quien hay que darles importancia. Hay que retratarlos, hay que darles vida y caminar con sus mismos pasos.
Epílogo: Ahora hay que aplicarse al cuento. Los resultados, si es que han de llegar, ya llegarán.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Decálogo del perfecto cuentista


Dice Horacio Quiroga en el Decálogo del perfecto cuentista que hay que creer en algún maestro. Menciona a Poe, Maupassant, Kipling y Chejov. Me descubro ante todos ellos y añado a él mismo y a mi admirado Ignacio Aldecoa. Dice en ese punto que hay que creer en ellos como en Dios mismo. Me quedo con los escritores, a los que no dejo de acudir una y otra vez, como queriendo desentrañar el misterio de su arte.
En el punto dos emplea una máxima que suscribo a pies juntillas: “Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás si saberlo tú mismo.” Lo cual quiere decir que lo importante es trabajar, no decaer y sobre todo disfrutar con lo que se está haciendo, tener los pies en la tierra y saber el papel que a uno le toca representar dentro del mundillo de la escritura.
En el punto tres nos recomienda Quiroga que resistamos a la imitación, pero si el influjo es demasiado fuerte que nos dejemos llevar. Aquí lo tengo muy claro: ignoro si tengo estilo o no, a la hora de escribir, eso que lo digan otros, pero lo que si es cierto es que hago las cosas a mi manera. Sin duda habrá influjos, aunque vendrán derivados de mi propia formación; para eso lee uno, para eso escudriña en el hacer de otros escritores, para eso escucha a otros compañeros embarcados en el mismo puerto, para eso debate y para eso se madura a base de dejarse las pestañas delante del folio en blanco. O sea, trabajo y más trabajo y en medio de todo eso, placer en su dedicación.
En el cuarto punto, el decálogo se vuelve romántico y entre otras cosas nos dice que amemos a nuestro propio arte como a nuestra propia novia, dándole todo el corazón. Bien pensado es posible que nuestra pareja pueda invertir los términos, así que dejémoslo como está. Más me gusta la primera parte de este mismo punto que hace alusión a la fe en el ardor con el que se desea el triunfo, por encima de la capacidad para conseguirlo.
Y por último —por quedarnos en la mitad, justo equilibrio—, en el punto quinto, dice: “No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas”. Aquí si que me rindo, puesto que mi tendencia es comenzar el cuento sin saber cómo va a terminar. Me basta una idea, una escena, un fogonazo para dejar que la pluma fluya y encuentre un final adecuado. Eso si, tanto la primera como la última palabra pueden sufrir modificaciones infinitas.
Por cierto, cuidado con las uvas, saboréenlas y FELIZ AÑO.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Felices Fiestas

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sábado, 28 de noviembre de 2015

Para que no te quedes en blanco

 Novela Cuando los bosques mueren, libro de relatos Una parada obligatoria, libro de relatos A la sombra de la Encina Gorda, guia de aves Aves, una aproximación a la avifauna de Paymogo.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Con otro color


  Así comienza este relato que se puede encontrar entre las páginas del libro Una parada obligatoria

Tiene unos labios que destacan sobremanera dentro de su cara de niño. Pero Michel mide uno ochenta y es padre de dos criaturas, que no ve desde hace diez meses. En lo alto de la bicicleta parece el pato Donald africano, con esas dos enormes bolsas del cortinglés que le hacen tambalear el manillar y de las que sobresalen los montoncitos de papel soplanapias que ha encontrado de oferta en la tienda de todo a sesenta céntimos. Se pasa el día pegado al semáforo de la rotonda, esperando que paren los coches para pedir a los automovilistas que le compren su oferta. Las tres palabras que le enseñaron a decir en español son infalibles para que la mayoría de la gente le diga que no, pero él insiste y pone cara de alegría y no cesa de chapurrear buena suerte, como punto final a cada una de sus plegarias. Lo mismo le da que le miren con cara de asco, con desprecio, con sonrisas, o que no lo miren. Es hermoso desear buena suerte a todo el mundo, colaboren o no a ganarse ese sustento que, cada semana, envía puntualmente a su familia, allá en ese punto del mapa ligeramente escorado hacia el sur, una vez salvado el cabo Trafalgar. Se pasa tanto tiempo pegado al semáforo, que está deseando llegar al piso, que comparte con otros colegas venidos antes que él, para echarse a dormir como un lirón. Uno de esos amigos es el que le trajo a España, el que le animó a dar el gran salto y él mismo lo instruye sobre todo lo que debe hacer o decir en esta tierra, en la que espera poder sacar lo suficiente para paliar la pobreza de su familia. Por eso Michel no se mueve de su puesto junto a la rotonda, y apenas conoce otro camino que el que le conduce al piso donde habita y a la zona comercial donde encuentra la oferta del día.
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martes, 20 de octubre de 2015

La opinión de María Felipa


De María Felipa sábado, 17 de octubre, 2015 17:13

Qué tal José, cómo se encuentra? Y el grupo, se siguen reuniendo y estudiando a los clásicos? Yo sigo complicada pero hoy dispongo de un tiempito y escribo.
Le debo un comentario sobre Una Parada Obligatoria, porque obligatoria debe ser para nosotros la crítica literaria.
La primera vez que leí me resultó tan diferente a lo que publican por acá (también que estoy en un taller de ciencia ficción y fantasía, heroica o fantástica) que perdí entusiasmo. Los califiqué de sencillos, aunque todos me atraparon con el deseo de llegar a conocer el desenlace.
En una segunda lectura me familiaricé con su discurso, con su estilo natural (como usted mismo) y olvidé la forma para disfrutar la idea. Mantuve una selección pero en general es un conjunto coherente y bien estructurado. Felicidades, siga escribiendo. En especial, La Carta, El Destierro, De ida y vuelta y Una parada obligatoria (aunque quiero que me diga sobre la simbología del comentario Seguimos hacia Córdoba...etc) fueron los que más me gustaron. Aunque los de corte irónico o burlón también los disfruté.
Bien José, estoy por comunicarme con V. y otros que me dieron el correo, pero no me parece que hayan más de cuatro apasionados por escribir, y ya usted debe haber experimentado que requiere hasta de cierta devoción materializar la creación literaria.
Me despido, saludos y besos para usted y el grupo,
María Felipa

martes, 6 de octubre de 2015

Maneras de desandar el tiempo


Traigo a esta página el libro de relatos MANERAS DE DESANDAR EL TIEMPO, del colectivo Punto y Seguido, ubicado en Málaga.
Dicen en su contraportada: Alguien podría preguntarse para qué desandar el tiempo. ¿No sería mejor negarlo, esquivarlo, disuadirlo o simplemente olvidarlo? Y si aceptamos que el tiempo es limitado ¿por qué no dejarlo avanzar sin más?, ¿para qué volver a las andadas e intentar remediarlo, revivirlo, alterarlo?, ¿para qué desandar el tiempo?
Para dar respuesta a esas preguntas y a otras que se nos pudieran ocurrir, los tendremos con nosotros en el Centro Cívico Casa de las Sirenas de Sevilla, el viernes 16 de Octubre a las 20h, en un acto que esperamos darle el suficiente calor para que nadie se sienta defraudado. Quien suscribe esta nota puede dar fe de la calidad de los textos que configuran la edición de la que hablamos.
Este no es un libro sobre el tiempo, es más bien un libro en el tiempo, en nuestro tiempo limitado, y también una excusa para recobrarlo y darle forma.
Una parada obligatoria da la bienvenida al mundo del libro físico a Maneras de desandar el tiempo, y así entre parada y parada seguiremos desmadejando el ovillo, seguiremos preguntándonos si es que en verdad hay forma de dominar a ese tiempo.
El libro presenta una atractiva edición, con un elenco de ilustraciones que lo hacen aún más apetecible si cabe.
Andrea, Miguel, Inmaculada, Loli, Isabel, Mauricio y Pedro, conforman Punto y Seguido desde el año 2007. No es su primera aventura literaria, ni será la última porque mientras siga picando el gusanillo de la escritura, habrá proyectos a los que enfrentarse y en este grupo de personas, hay madera, saben lo que se traen entre manos.
Buen lugar para contrastar todo lo que en estas breves líneas he apuntado.