sábado, 28 de noviembre de 2015
Para que no te quedes en blanco
Novela Cuando los bosques mueren, libro de relatos Una parada obligatoria, libro de relatos A la sombra de la Encina Gorda, guia de aves Aves, una aproximación a la avifauna de Paymogo.
sábado, 7 de noviembre de 2015
Con otro color
Así comienza este relato que se puede encontrar entre las páginas del libro Una parada obligatoria
Tiene unos labios que destacan sobremanera dentro de su cara de niño. Pero Michel mide uno ochenta y es padre de dos criaturas, que no ve desde hace diez meses. En lo alto de la bicicleta parece el pato Donald africano, con esas dos enormes bolsas del cortinglés que le hacen tambalear el manillar y de las que sobresalen los montoncitos de papel soplanapias que ha encontrado de oferta en la tienda de todo a sesenta céntimos. Se pasa el día pegado al semáforo de la rotonda, esperando que paren los coches para pedir a los automovilistas que le compren su oferta. Las tres palabras que le enseñaron a decir en español son infalibles para que la mayoría de la gente le diga que no, pero él insiste y pone cara de alegría y no cesa de chapurrear buena suerte, como punto final a cada una de sus plegarias. Lo mismo le da que le miren con cara de asco, con desprecio, con sonrisas, o que no lo miren. Es hermoso desear buena suerte a todo el mundo, colaboren o no a ganarse ese sustento que, cada semana, envía puntualmente a su familia, allá en ese punto del mapa ligeramente escorado hacia el sur, una vez salvado el cabo Trafalgar. Se pasa tanto tiempo pegado al semáforo, que está deseando llegar al piso, que comparte con otros colegas venidos antes que él, para echarse a dormir como un lirón. Uno de esos amigos es el que le trajo a España, el que le animó a dar el gran salto y él mismo lo instruye sobre todo lo que debe hacer o decir en esta tierra, en la que espera poder sacar lo suficiente para paliar la pobreza de su familia. Por eso Michel no se mueve de su puesto junto a la rotonda, y apenas conoce otro camino que el que le conduce al piso donde habita y a la zona comercial donde encuentra la oferta del día.
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martes, 20 de octubre de 2015
La opinión de María Felipa
De María Felipa sábado, 17 de octubre, 2015 17:13
Qué tal José, cómo se encuentra? Y el grupo, se siguen
reuniendo y estudiando a los clásicos? Yo sigo complicada pero hoy dispongo de
un tiempito y escribo.
Le debo un comentario sobre Una Parada Obligatoria, porque
obligatoria debe ser para nosotros la crítica literaria.
La primera vez que leí me resultó tan diferente a lo que
publican por acá (también que estoy en un taller de ciencia ficción y fantasía,
heroica o fantástica) que perdí entusiasmo. Los califiqué de sencillos, aunque
todos me atraparon con el deseo de llegar a conocer el desenlace.
En una segunda lectura me familiaricé con su discurso, con
su estilo natural (como usted mismo) y olvidé la forma para disfrutar la idea.
Mantuve una selección pero en general es un conjunto coherente y bien
estructurado. Felicidades, siga escribiendo. En especial, La Carta, El Destierro, De ida
y vuelta y Una parada obligatoria (aunque quiero que me diga sobre la
simbología del comentario Seguimos hacia Córdoba...etc) fueron los que más me
gustaron. Aunque los de corte irónico o burlón también los disfruté.
Bien José, estoy por comunicarme con V. y otros que me
dieron el correo, pero no me parece que hayan más de cuatro apasionados por
escribir, y ya usted debe haber experimentado que requiere hasta de cierta
devoción materializar la creación literaria.
Me despido, saludos y besos para usted y el grupo,
María Felipa
martes, 6 de octubre de 2015
Maneras de desandar el tiempo
Traigo a esta página el libro de relatos MANERAS DE DESANDAR
EL TIEMPO, del colectivo Punto y Seguido, ubicado en Málaga.
Dicen en su contraportada: Alguien podría preguntarse para qué desandar el tiempo. ¿No sería mejor
negarlo, esquivarlo, disuadirlo o simplemente olvidarlo? Y si aceptamos que el
tiempo es limitado ¿por qué no dejarlo avanzar sin más?, ¿para qué volver a las
andadas e intentar remediarlo, revivirlo, alterarlo?, ¿para qué desandar el
tiempo?
Para dar respuesta a esas preguntas y a otras que se nos
pudieran ocurrir, los tendremos con nosotros en el Centro Cívico Casa de las
Sirenas de Sevilla, el viernes 16 de Octubre a las 20h, en un acto que
esperamos darle el suficiente calor para que nadie se sienta defraudado. Quien
suscribe esta nota puede dar fe de la calidad de los textos que configuran la
edición de la que hablamos.
Este no es un libro
sobre el tiempo, es más bien un libro en el tiempo, en nuestro tiempo limitado,
y también una excusa para recobrarlo y darle forma.
Una parada obligatoria da la bienvenida al mundo del libro
físico a Maneras de desandar el tiempo, y así entre parada y parada seguiremos
desmadejando el ovillo, seguiremos preguntándonos si es que en verdad hay forma
de dominar a ese tiempo.
El libro presenta una atractiva edición, con un elenco de
ilustraciones que lo hacen aún más apetecible si cabe.
Andrea, Miguel, Inmaculada, Loli, Isabel, Mauricio y Pedro,
conforman Punto y Seguido desde el año 2007. No es su primera aventura
literaria, ni será la última porque mientras siga picando el gusanillo de la
escritura, habrá proyectos a los que enfrentarse y en este grupo de personas,
hay madera, saben lo que se traen entre manos.
Ellos tienen su página: http://puntoyseguidoescritores.blogspot.com.es/
Buen lugar para contrastar todo lo que en estas breves
líneas he apuntado.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
Sobre libros y librerías
Muere Carmen Balcells y aunque a uno esto ni le va ni le
viene, más allá del respeto que le merece la propia muerte de un ser humano, si
que es verdad que da envidia sana saber que han existido personas de tal
calibre velando por la salud de escritores de la talla de García Márquez, Juan
Marsé o Camilo José Cela, pongo por caso. Ya sé que esto no es más que un puro
negocio, pero qué liberación debe suponer poder dedicarte a escribir y publicar
sin preocupaciones de recuperar el dinero invertido. Ni conocía a esta señora,
ni a nadie de su entorno, pero su imagen siempre me dio la sensación de ese
aspecto bonachón que debe tener toda persona en la que confiamos. Ella se ha
ido, lo que hace falta es que sus descendientes en el cargo puedan seguir
sacando a la luz a más Cortázar, Vargas Llosas, Nerudas, Aleixandres, Mendozas,
Montalbanes, Cercas, o al menos dando el apoyo suficiente para que ninguna
figura de primer nivel vea frustrada su carrera por mera necesidad económica.
Mientras tanto en Japón, un espabilado librero se hace con
el 90% de los 100.000 ejemplares de El novelista como profesión, nuevo libro de
Haruki Murakami, en leal lucha por la defensa del libro en formato papel.
Aplaudo porque —sin renegar a la era Internet— me siguen atrayendo sobremanera
los libros tangibles. Puede sonar a perogrullada, pero su tacto, su olor, su
posición particular en la librería, me traen tan buenos recuerdos que siempre
tengo uno a mano, esté donde esté. “El hecho de que las librerías físicas hayan
estado en el mercado por siglos no significa que este sea un formato obsoleto
para servir a los ciudadanos del siglo XXI”, ha dicho el personaje en cuestión,
un tal H. Sogo, al que no tengo el gusto de conocer, pero al que aplaudo.
Y ahora lo más triste: parece ser que Beta no puede sostener
algunas de sus librerías y caen dos de ellas en la ciudad de Sevilla. Muy
triste. Ya había cerrado hace más de un año la que tenía establecida en el
antiguo Teatro Imperial de la calle Sierpes y que tanto me recordaba a algunas
que conocí en Buenos Aires hace años. Entonces quede sorprendido ante la
posibilidad de entrar en una tienda enorme llena de libros, con rincones
acogedores dónde uno se podía sentar a leer con toda la tranquilidad del mundo
e incluso se podía tomar un café si le apetecía. Ya sé que hoy día existen
otras cadenas que llevan a cabo iniciativas plausibles y de similares
características, pero para mí eran desconocidas en aquel tiempo. Por eso y
porque el negocio sigue siendo el negocio, dos librerías pasan a mejor vida y
eso siempre es de lamentar. Menos mal que siempre me queda el consuelo de que
la mía —la que estoy montando en mi propia casa— cada día cuenta con más
ejemplares y eso se lo debo en gran medida al avasallador impulso de la era
Internet. Así es la vida.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
El destierro
Mientras Pedro se debatía en un quirófano, entre la vida y la muerte…
—¿Y ahora qué, Juan? ¿Con qué ánimo vuelvo al pueblo? —se lamentó sollozando
el padre de Pedro.
—Con el mismo que puede volver cualquier padre responsable —le respondió Carrasco.
—Si mi hijo se muere, esto no puede quedar así.
—Claro que no, pero aún está vivo; eso es lo importante.
—Aun así, Juan, aun así.
—No estás solo, tienes una familia.
—Tú sabes que yo no podré vivir al lado de quienes se han querido llevar
por delante a mi hijo.
—¡Ha sido un accidente, hermano!
—¡Ha sido un crimen!
—Pedro todavía está vivo. No saques las cosas de su sitio; respétalo. No
sabemos nada, ni siquiera qué pasó. Llevamos aquí metidos un día entero y por
ahora lo único que nos debe preocupar es que tu hijo, ¿oyes?, ¡tu hijo!, sigue estando
presente entre nosotros, así que deja de hacer cábalas y cálmate de una vez.
—Muy buenas palabras, hermano, pero a mí no me valen. Yo no puedo volver
a mi pueblo y sentirme observado por todo el mundo, mientras el culpable de
esto anda por ahí suelto.
—Muy bien. Si quieres, cogemos la escopeta y nos vamos de casa en casa...
—No es eso, Juan, tú lo sabes. Yo no voy a matar a nadie, pero tampoco
puedo vivir con quien ha intentado quitarle la vida a mi hijo.
—¿Y quién ha sido?
—Por eso, Juan, por eso. Porque ni lo sé ni quiero saberlo, prefiero no
verle la cara a nadie. Todos nos conocemos y sabemos quiénes estaban detrás de
esas botellonas y se hacían los
gallitos y arrastraban a los jóvenes.
—Sabes demasiado, hermano.
—Lo justo como para no poder vivir tranquilo. Con mi hijo o sin él, mi
vida ha cambiado, y tú lo sabes. Me conoces bien y no ignoras lo que late en mi
cabeza. Mejor será que hoy sea la última vez que pise la tierra que me vio
nacer.
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martes, 21 de julio de 2015
La opinión de Luisma Giménez
2 de julio de 2015, 18:03 |
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Para: José Rodríguez Infante <arruillo@gmail.com>
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Hola, José. Ya he
leído "Una parada obligatoria", y, contraviniendo los deseos de
nuestro José Rico, te diré que "me ha gustado" mucho. Creo que ya
me conoces lo suficiente como para no esperar de mí una crítica "de
fundamento". No sé hacerlo. Puedo decirte qué historias son las que más
me han gustado, las que me han llegado más. "Una granja muy
particular" me resulta muy tierna y llena de humor. El personaje de
Maite se hace querer tanto como la quiere el narrador.
"La carta" me ha tocado especialmente. Aparte de que también el pesonaje de Tere está tratado con mucho cariño, es que yo he hecho, con mi "primer amor", prácticamente lo mismo que ella. Está claro que me van -y a ti también- las ocasiones que están a punto de cuajar y no lo hacen, las ocasiones perdidas... porque otro relato que me ha gustado mucho es "La conversación". Me ha recordado una canción que me gusta mucho: "Lobo López", de Kiko Veneno: "...por no hablar a tiempo estaba sufriendo, su amor se le iba". Y, en otra línea, la fantástica, me ha gustado "Contenedores". Últimamente me noto muy torpón con los enredos, intrigas, etc., y por eso no he podido disfrutar tanto de relatos como "El caso del yogur perdido". Y (no tiene nada que ver con el caso anterior) el que más pena me ha dado no pillarlo del todo ha sido "Una parada obligatoria". Me gusta, pero siento eso: que no lo pillo del todo, sobre todo el final. Como ocurre a menudo en tus escritos, me gusta cómo utilizas el lenguaje coloquial ("colocón", "soplanapias", "palante"...), y tu habilidad en los diálogos. "Una granja particular" me ha hecho pensar en un libro que adoro y que sospecho conocerás: "Mi familia y otros animales", de Gerald Durrell. En fin, Pepe, que la lectura de tu libro ha sido muy grata. ¿Cómo va el tema de ventas, lectores, comentarios, etc.? Espero que haya gente más dotada que yo y que recibas también públicamente el reconocimiento que mereces. Últimamente estoy con la cabeza en otras cosas y muy desinflado en mis ganas de escribir, pero confío en que nos sigamos "viendo" por estos mundos de internet. (Si yo no estuviera ahora tan "seta", me daría una vuelta por allá abajo, pero no hay manera.) Un abrazo. |
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