miércoles, 16 de diciembre de 2015

Felices Fiestas

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sábado, 28 de noviembre de 2015

Para que no te quedes en blanco

 Novela Cuando los bosques mueren, libro de relatos Una parada obligatoria, libro de relatos A la sombra de la Encina Gorda, guia de aves Aves, una aproximación a la avifauna de Paymogo.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Con otro color


  Así comienza este relato que se puede encontrar entre las páginas del libro Una parada obligatoria

Tiene unos labios que destacan sobremanera dentro de su cara de niño. Pero Michel mide uno ochenta y es padre de dos criaturas, que no ve desde hace diez meses. En lo alto de la bicicleta parece el pato Donald africano, con esas dos enormes bolsas del cortinglés que le hacen tambalear el manillar y de las que sobresalen los montoncitos de papel soplanapias que ha encontrado de oferta en la tienda de todo a sesenta céntimos. Se pasa el día pegado al semáforo de la rotonda, esperando que paren los coches para pedir a los automovilistas que le compren su oferta. Las tres palabras que le enseñaron a decir en español son infalibles para que la mayoría de la gente le diga que no, pero él insiste y pone cara de alegría y no cesa de chapurrear buena suerte, como punto final a cada una de sus plegarias. Lo mismo le da que le miren con cara de asco, con desprecio, con sonrisas, o que no lo miren. Es hermoso desear buena suerte a todo el mundo, colaboren o no a ganarse ese sustento que, cada semana, envía puntualmente a su familia, allá en ese punto del mapa ligeramente escorado hacia el sur, una vez salvado el cabo Trafalgar. Se pasa tanto tiempo pegado al semáforo, que está deseando llegar al piso, que comparte con otros colegas venidos antes que él, para echarse a dormir como un lirón. Uno de esos amigos es el que le trajo a España, el que le animó a dar el gran salto y él mismo lo instruye sobre todo lo que debe hacer o decir en esta tierra, en la que espera poder sacar lo suficiente para paliar la pobreza de su familia. Por eso Michel no se mueve de su puesto junto a la rotonda, y apenas conoce otro camino que el que le conduce al piso donde habita y a la zona comercial donde encuentra la oferta del día.
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martes, 20 de octubre de 2015

La opinión de María Felipa


De María Felipa sábado, 17 de octubre, 2015 17:13

Qué tal José, cómo se encuentra? Y el grupo, se siguen reuniendo y estudiando a los clásicos? Yo sigo complicada pero hoy dispongo de un tiempito y escribo.
Le debo un comentario sobre Una Parada Obligatoria, porque obligatoria debe ser para nosotros la crítica literaria.
La primera vez que leí me resultó tan diferente a lo que publican por acá (también que estoy en un taller de ciencia ficción y fantasía, heroica o fantástica) que perdí entusiasmo. Los califiqué de sencillos, aunque todos me atraparon con el deseo de llegar a conocer el desenlace.
En una segunda lectura me familiaricé con su discurso, con su estilo natural (como usted mismo) y olvidé la forma para disfrutar la idea. Mantuve una selección pero en general es un conjunto coherente y bien estructurado. Felicidades, siga escribiendo. En especial, La Carta, El Destierro, De ida y vuelta y Una parada obligatoria (aunque quiero que me diga sobre la simbología del comentario Seguimos hacia Córdoba...etc) fueron los que más me gustaron. Aunque los de corte irónico o burlón también los disfruté.
Bien José, estoy por comunicarme con V. y otros que me dieron el correo, pero no me parece que hayan más de cuatro apasionados por escribir, y ya usted debe haber experimentado que requiere hasta de cierta devoción materializar la creación literaria.
Me despido, saludos y besos para usted y el grupo,
María Felipa

martes, 6 de octubre de 2015

Maneras de desandar el tiempo


Traigo a esta página el libro de relatos MANERAS DE DESANDAR EL TIEMPO, del colectivo Punto y Seguido, ubicado en Málaga.
Dicen en su contraportada: Alguien podría preguntarse para qué desandar el tiempo. ¿No sería mejor negarlo, esquivarlo, disuadirlo o simplemente olvidarlo? Y si aceptamos que el tiempo es limitado ¿por qué no dejarlo avanzar sin más?, ¿para qué volver a las andadas e intentar remediarlo, revivirlo, alterarlo?, ¿para qué desandar el tiempo?
Para dar respuesta a esas preguntas y a otras que se nos pudieran ocurrir, los tendremos con nosotros en el Centro Cívico Casa de las Sirenas de Sevilla, el viernes 16 de Octubre a las 20h, en un acto que esperamos darle el suficiente calor para que nadie se sienta defraudado. Quien suscribe esta nota puede dar fe de la calidad de los textos que configuran la edición de la que hablamos.
Este no es un libro sobre el tiempo, es más bien un libro en el tiempo, en nuestro tiempo limitado, y también una excusa para recobrarlo y darle forma.
Una parada obligatoria da la bienvenida al mundo del libro físico a Maneras de desandar el tiempo, y así entre parada y parada seguiremos desmadejando el ovillo, seguiremos preguntándonos si es que en verdad hay forma de dominar a ese tiempo.
El libro presenta una atractiva edición, con un elenco de ilustraciones que lo hacen aún más apetecible si cabe.
Andrea, Miguel, Inmaculada, Loli, Isabel, Mauricio y Pedro, conforman Punto y Seguido desde el año 2007. No es su primera aventura literaria, ni será la última porque mientras siga picando el gusanillo de la escritura, habrá proyectos a los que enfrentarse y en este grupo de personas, hay madera, saben lo que se traen entre manos.
Buen lugar para contrastar todo lo que en estas breves líneas he apuntado.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Sobre libros y librerías



Muere Carmen Balcells y aunque a uno esto ni le va ni le viene, más allá del respeto que le merece la propia muerte de un ser humano, si que es verdad que da envidia sana saber que han existido personas de tal calibre velando por la salud de escritores de la talla de García Márquez, Juan Marsé o Camilo José Cela, pongo por caso. Ya sé que esto no es más que un puro negocio, pero qué liberación debe suponer poder dedicarte a escribir y publicar sin preocupaciones de recuperar el dinero invertido. Ni conocía a esta señora, ni a nadie de su entorno, pero su imagen siempre me dio la sensación de ese aspecto bonachón que debe tener toda persona en la que confiamos. Ella se ha ido, lo que hace falta es que sus descendientes en el cargo puedan seguir sacando a la luz a más Cortázar, Vargas Llosas, Nerudas, Aleixandres, Mendozas, Montalbanes, Cercas, o al menos dando el apoyo suficiente para que ninguna figura de primer nivel vea frustrada su carrera por mera necesidad económica.
Mientras tanto en Japón, un espabilado librero se hace con el 90% de los 100.000 ejemplares de El novelista como profesión, nuevo libro de Haruki Murakami, en leal lucha por la defensa del libro en formato papel. Aplaudo porque —sin renegar a la era Internet— me siguen atrayendo sobremanera los libros tangibles. Puede sonar a perogrullada, pero su tacto, su olor, su posición particular en la librería, me traen tan buenos recuerdos que siempre tengo uno a mano, esté donde esté. “El hecho de que las librerías físicas hayan estado en el mercado por siglos no significa que este sea un formato obsoleto para servir a los ciudadanos del siglo XXI”, ha dicho el personaje en cuestión, un tal H. Sogo, al que no tengo el gusto de conocer, pero al que aplaudo.
Y ahora lo más triste: parece ser que Beta no puede sostener algunas de sus librerías y caen dos de ellas en la ciudad de Sevilla. Muy triste. Ya había cerrado hace más de un año la que tenía establecida en el antiguo Teatro Imperial de la calle Sierpes y que tanto me recordaba a algunas que conocí en Buenos Aires hace años. Entonces quede sorprendido ante la posibilidad de entrar en una tienda enorme llena de libros, con rincones acogedores dónde uno se podía sentar a leer con toda la tranquilidad del mundo e incluso se podía tomar un café si le apetecía. Ya sé que hoy día existen otras cadenas que llevan a cabo iniciativas plausibles y de similares características, pero para mí eran desconocidas en aquel tiempo. Por eso y porque el negocio sigue siendo el negocio, dos librerías pasan a mejor vida y eso siempre es de lamentar. Menos mal que siempre me queda el consuelo de que la mía —la que estoy montando en mi propia casa— cada día cuenta con más ejemplares y eso se lo debo en gran medida al avasallador impulso de la era Internet. Así es la vida.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El destierro



Así comienza este relato, que forma parte de Una parada obligatoria:
Sábado. Once de la noche:
Mientras Pedro se debatía en un quirófano, entre la vida y la muerte…
—¿Y ahora qué, Juan? ¿Con qué ánimo vuelvo al pueblo? —se lamentó sollozando el padre de Pedro.
—Con el mismo que puede volver cualquier padre responsable —le respondió Carrasco.
—Si mi hijo se muere, esto no puede quedar así.
—Claro que no, pero aún está vivo; eso es lo importante.
—Aun así, Juan, aun así.
—No estás solo, tienes una familia.
—Tú sabes que yo no podré vivir al lado de quienes se han querido llevar por delante a mi hijo.
—¡Ha sido un accidente, hermano!
—¡Ha sido un crimen!
—Pedro todavía está vivo. No saques las cosas de su sitio; respétalo. No sabemos nada, ni siquiera qué pasó. Llevamos aquí metidos un día entero y por ahora lo único que nos debe preocupar es que tu hijo, ¿oyes?, ¡tu hijo!, sigue estando presente entre nosotros, así que deja de hacer cábalas y cálmate de una vez.
—Muy buenas palabras, hermano, pero a mí no me valen. Yo no puedo volver a mi pueblo y sentirme observado por todo el mundo, mientras el culpable de esto anda por ahí suelto.
—Muy bien. Si quieres, cogemos la escopeta y nos vamos de casa en casa...
—No es eso, Juan, tú lo sabes. Yo no voy a matar a nadie, pero tampoco puedo vivir con quien ha intentado quitarle la vida a mi hijo.
—¿Y quién ha sido?
—Por eso, Juan, por eso. Porque ni lo sé ni quiero saberlo, prefiero no verle la cara a nadie. Todos nos conocemos y sabemos quiénes estaban detrás de esas botellonas y se hacían los gallitos y arrastraban a los jóvenes.
—Sabes demasiado, hermano.
—Lo justo como para no poder vivir tranquilo. Con mi hijo o sin él, mi vida ha cambiado, y tú lo sabes. Me conoces bien y no ignoras lo que late en mi cabeza. Mejor será que hoy sea la última vez que pise la tierra que me vio nacer.
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